El hombre y la mujer en la Masonería

Una de las revoluciones de nuestra sociedad en el siglo pasado fue, sin duda, el logro social de la equiparidad de derechos y deberes del hombre y de la mujer, derechos que a ella se le limitaron durante mucho tiempo. No se puede, sin embargo, cantar victoria por completo, pues aún en muchos lugares del mundo se somete a la mujer a la más bárbara de las discriminaciones.

Hasta fines del siglo XIX, si nos acotamos sólo al estudio moderno de la Masonería, el acceso al conocimiento y rituales masónicos le estaba prohibido por completo a la mujer, limitándolas a un trabajo de colaboración en las obras sociales que realizaban las Logias y los Hermanos. A partir de las primeras constituciones masónicas, el año 1723, se estableció que la mujer no podía participar en los trabajos logiales y esta costumbre se ha trasmitido invariablemente en algunas Logias de raigambre inglesa hasta nuestros días. Varias pueden haber sido las razones,  en esa época,  por las que la mujer era rechazada en muchas de las actividades económicas, productivas y sociales y no se le permitía el acceso a la educación o la participación en los debates cotidianos. No obstante, la situación ha variado considerablemente y en nuestros días no podemos argumentar, excepto debido a una oscura ignorancia, ni siquiera una razón para justificar la exclusión de la mujer en las diferentes actividades sociales y, particularmente, de la Masonería.

A través de la unión de los complementarios es como se llega a la síntesis del Orden Universal, siendo que de este vínculo surge la vida en todos sus órdenes de realidad. La Masonería es una vía iniciática que mantiene vivos sus ritos y su código simbólico, por ende, a la mujer le corresponde hoy incorporarse al camino del Conocimiento, sin que los símbolos masónicos que se refieren al oficio de la construcción supongan una condicionante a su realización, sino un modo nuevo de adaptación a la realidad de los tiempos. Indiscutiblemente la mujer siempre ha estado preparada para cualquier tarea que se proponga y, por eso, la Masonería le muestra el camino que la llevará hacia la regeneración de su individualidad y a la conquista de la universalidad del ser.

Fue necesaria la concurrencia y participación activa de hombres y mujeres visionarios, que tomaron la bandera de lucha y la antorcha de luz que les entregara la primera iniciada, para que esta semilla arrojada en el surco se multiplicara y las Logias Mixtas se expandieran por todos aquellos países en que hombres y mujeres comprendieron que el desarrollo humano sería imposible sin el concurso de ambos sexos, en que cada uno es el complemento y no la supremacía del otro.