88° Aniversario G:.L:.M:.CH:.

Bajo el alero del Supremo Consejo Mixto Internacional El Derecho Humano, ubicado en París y con el impulso y participación de varios hermanos de la Logia Hiram 65 de la Gran Logia de Chile, el 25 de febrero de 1929 se daba inicio a un gran movimiento en Chile, en que se permitía a la mujer participar en los trabajos masónicos.

En parte de su discurso, el Gran Maestro Waldo López Belmar dijo: Estamos aquí reunidos para celebrar un aniversario más de la fundación de la Gran Logia Mixta de Chile. Parece extraño que ya hayan pasado 88 años desde el momento en que se le dio a la mujer la oportunidad de participar de la masonería, tema que desde la fundación de la Gran Logia de Londres estaba reservada solamente a los hombres.

Y digo extraño porque el común de los chilenos ignora que la mujer puede participar en los trabajos masónicos con igualdad de derechos y deberes. Este desconocimiento de debe a que los hermanos y hermanas han preferido trabajar silenciosos en los templos, sin destacar su calidad de masones.

Desde un punto de vista de marketing, fue una muy mala decisión, porque si no saben que existimos, no pueden acercarse hasta nosotros. Por eso es que en el último tiempo hemos decidido abrir los templos hacia la comunidad y mostrarles quienes somos: hombres y mujeres que deseamos un mundo más amable, más justo y más solidario.

Y en este camino, la Gran Logia Mixta no está sola, ya que estamos agrupados a nivel americano a través de COMAM y a nivel mundial a través de CLIPSAS, organismo creado el año 1961 y que hoy día agrupa a más de 80 Obediencias Masónicas que abogan por la libertad absoluta de conciencia.

Siempre se nos ha catalogado de secta, organización satánica, o enemigos de la iglesia que escondidos en el secreto de nuestros templos conspiramos contra moros y cristianos. Nada más alejado de la verdad. Nuestros lugares de reunión son conocidos por la comunidad. Nuestros secretos son ampliamente divulgados y tergiversados por Internet. Los hermanos pertenecemos a distintos oficios y profesiones y estamos insertos en la sociedad con los mismos problemas, derechos y deberes de cualquier ciudadano.

Y como un ciudadano más, tenemos la obligación de estar atentos a las inequidades y abusos para ejercer nuestra labor de verdaderos agentes de cambio para tratar de modificar las conductas e influir en nuestros vecinos, compañeros de trabajo y familiares para que exista mayor armonía entre los seres humanos.

No sirve de nada que trabajemos en nuestro perfeccionamiento moral y espiritual si no somos capaces de llevar esas virtudes a los demás miembros de la sociedad. Hoy pareciera que es un trabajo inútil, viendo como la humanidad se está destruyendo entre sí por razones religiosas, políticas o económicas.

Pero hemos jurado o prometido luchar por un mundo mejor y debemos ser capaces de llevar esa luz que brilla siempre en el Ara, a cada rincón del universo para iluminar la conciencia de los hombres y mujeres y despertar en ellos los sentimiento de amor hacia sus semejantes, para que entiendan que lo más importante de la existencia humana es encontrar la felicidad. Y para que eso ocurra, debemos aprender a ser justos, tolerantes, fraternos, libres y solidarios.